Por fin le ha tocado el turno al abuelo.
Cuando empecé hacer este espacio pensé en los niños y en él, pero por diferentes motivos lo he ido aplazando.
Ya en su día le dediqué una entrada a mi padre y a sus memorias, al final de la cuál aparece el comentario que me dejó cuando él lo leyó.
Para los niños he hecho el otro espacio, el de elifantasia.
Mi abuelo hace mucho que no está en el mundo de los vivos, pero precisamente por ello merece un sitio especial entre mis recuerdos y quiero plasmar su esencia en este espacio.
Buscaré en un libro que hay con poemas suyos, alguno que sea significativo para la familia y también alguno que deje translucir el gran sentido de humor que le caracterizaba, junto con su enorme bondad.
Por respeto hacia él, os pido que no copieis nada de esta entrada. Gracias.
Abuelo Luis, aunque ya no estés aquí… estás dentro de nosotros.
LAS COSAS DEL ABUELO
EL PERRITO DE VALLECAS
Érase un perro perdido
que junto a un coche parado
daba muestras de cansancio
sin exhalar un ladrido.
Al dejar Enrique el coche
el perro se le acercó,
y después que bien le olió
le siguió a trote y moche.
Nos fuimos todos a un bar
a tomar un chocolate,
y el perro tate que tate
no nos quería dejar.
Si Enrique se lo decía,
como si fuera su amo
le seguia tramo a tramo
o en dos patas se ponía.
¡Que chucho más resalado!
¿Pero qué hacer con el chucho?
A todos nos gustó mucho
verle tan bien educado.
Todos pensamos en llevarle
a casa con gran cariño,
que más que perro era niño
y daba mucha pena dejarle.
La que lo sentía mucho
era Elisita, mi nieta,
que hasta cogió una rabieta
por no llevarnos al chucho.
Eran obvias las razones
para dejarle olvidado
a un perro bien educado,
pero aquí los corazones
de mi hijo Enrique y Elisita
que sufrieron al dejar
al perro cerca del bar
cuando nos fuimos deprisa.
Yo me divertía mucho
porque en aquella ocasión,
no sintió mi corazón
la defensa de aquel chucho.
(Agosto del 65)
MORATALAZ
(El barrio donde vivió los últimos años)
¿Qué tiene Moratalaz?
Lo que en el centro no encuentras:
La simpatía, las risas,
la gracia de mi morena.
Hay muchachas cual tesoro,
de candor y de belleza
que están esperando amores,
con fulgores de turquesas.
Las hay morenas y rubias,
de pelo caoba y dorado,
pero con un atractivo,
que nos tiene entusiasmados.
Calles de Moratalaz,
con aceras de diamantes,
especiales para andar
jinetes en elefantes.
Árboles de verdes hojas,
pujantes y cantarinas,
a cuyas sombras se duermen
los bebés de las vecinas.
Están las calles del barrio
en anónimo completo,
los números de las casas
en tropezoides inquietos.
En polígonos confusos,
que por letras se definen.
Las casas están bordadas
por románticos jardines.
Me gusta Moratalaz.
Ya cariño le he tomado.
Su ambiente, su claridad,
del todo me ha conquistado.
El camino hacia las torres,
está sembrado de flores.
Allí van las parejitas,
a conjugar sus amores.
Dame la flor más bonita
de tu jardín, jardinero,
que ha de llevarla en su pecho
la muchacha que yo quiero.
Flores de Moratalaz,
muchachitas, primaveras
de la vida, sois luceros.
Temblorosos de quimeras,
vuestras risas juveniles
cristalizan mi nostalgia.
De la Luna plata y oro,
que son vuestras risas, magia!
y mis penas son jazmines
truncados por los suspiros,
porque no puedo olvidarme
de vuestras risas y hechizos.
En Moratalaz, las niñas
van cogidas de la mano
formando corros de flores
y alegremente cantando.
Entre las ramas de un árbol
se ve jugar a la Luna,
con las estrellas brillantes
que van corriendo desnudas.
Mi estrella es aquella grande
que reluce como el Sol;
Tirándome va sus besos
y ofreciéndome su amor.
Voy contigo, mi lucero,
jinete en el girasol,
de mi vida romancera,
a rendirte mi fervor.
Mi devoción y mi vida,
los trinos de mi canción,
que en Moratalaz, mi canto
necesita tu calor
MELANCOLÍA
Mi corazón está lejos,
contigo en la lejanía.
Los suspiros de mi pecho
llevan esta pena mía.
Se ha despertado la aurora
con la luz de un nuevo día,
pero para mí está todo
lleno de melancolía.
¿Por qué te fuiste? En secreto
te canto mi letanía,
evocando tu recuerdo
en amarga sinfonía.
Si alguna vez te encontrara
¡Como otra vez te querría!
cuanto te he querido siempre,
porque siempre fuiste mía.
(Marzo del 66)
SOÑAR
¿Por qué habré de soñar,
que para mi es sufrir?
¡Si pudiera dormir…
para no despertar…!
(Mayo del 66)
ENTRE SOMBRAS DE LUNA
Entre sombras de luna
una noche salí
a buscar una rosa de pitiminí.
Querubines celestes
se acercaron a mí
con sus alas de seda
y decian así:
Esa rosa que buscas
no la encuentras aquí;
Encontrarás claveles
y una flor de alhelí.
Entre calas preciosas
de un aroma sutil:
blancos nardos, gladiolos
de este bello jardín.
La rosa que tú buscas
está lejos de ti,
porque vive en la mente
de un suspiro sin fin.
(Octubre del 66)
EN LAS NUBES
Voy volando entre nubes
en la nariz de un Cyrano;
Salto a una Venus de Nilo,
por ver si encuentro sus brazos.
Un Homero veo ahora
con sus cabellos rizados.
Y de un Pegaso en la crines,
sigo jinete volando.
Empujado por el viento,
de espaldas a un dromedario,
sobre un cúmulo de rosas
con arreboles de estratos,
me acuesto a soñar mis sueños,
junto a un cuerpo de alabastro.
Un rayo de sol, travieso,
me despierta y sin notarlo,
voy cayendo lentamente,
y continuo soñando,
que allá en el fondo me espera
la sonrisa de unos labios.
LUNA LUNITA
La luna lunita
llora su canción
desde que los rusos
metieron su gol.
Y los selenitas
con lamentación
van cantando a coro:
Nikita ni pon.
Una selenita que se enamoró
de un gran selenita, de amor se murió.
El gran selenita dijo con horror:
"La culpa la tiene Nikita ni pon"
¡Ay, mi selenita!
¡La luna y el sol!
Quien te ve, lunita
y virgen te vió.
Con ese cohete
a tu alrededor…
Lunita lunera,
Nikita ni pon.
Que todo lo malo,
con mucha razón,
lo achacan ahora,
con un miedo atroz,
al cohete grande
que se les metió
¡Nikita, Nikita,
Nikita ni pon!
Duerme, selenita,
diérmete a mi son,
verás como sueñas
hasta el nuevo sol.
Yo, tu madrecita,
con todo mi amor
te canto esta copla:
¡Nikita ni pon!
Alegrar la luna
que triste quedó,
con su luz de plata,
reflejo del sol.
La luna serena
su luz nos mandó
llorando su pena:
¡Nikita ni pon!
LA LUNA SE ENAMORÓ
De un lucero postinero
la Luna se enamoró,
mas navegaba tan lejos
que no le daba calor.
Lucero por quien yo sufro
la pena de mi pasión
¡Por qué me dejas tan sola?
¿A que estrella das tu amor?
Yo soy vieja, tú eres joven,
a alguna estrella querrás,
mas como yo te he querido
no la encontrarás jamás.
La Luna se quedó triste
en su inmensa soledad.
ELLA
¡Que guapísima está ella!
Es una fragante rosa,
una linda mariposa
que da celos a una estrella.
Y la estrella se querella
ante la luz de la Luna,
porque sin duda ninguna
es ella mucho más bella.
Sus reflejos son espejos
de su gracia celestial,
pues su gracia es manantial
de enigmáticos reflejos.
Quien pudiera, flor divina,
de tu aroma embriagador
embriagarse con fervor,
ver tu alma cristalina.
Y por las nubes flotando
entre gasas plateadas,
poder llamarte "mi amada"
eternamente soñando.
(Marzo del 66)
CANTARES
Rumores de noche,
la luna en silencio,
se escapa o se esconde
por entre los cielos.
Sones de guitarra
gitana, en inmenso
clamor de cariño,
remedan tus besos.
Tu mirada quieta,
tus ojos de fuego,
dentro de mi alma
inspirando ensueños.
Clavan sus miradas
con dolor intenso,
en mis largas noches,
llenas de lamentos.
La guitarra llora,
que tus juramentos
de pasión gitana
se los lleva el viento.
DESPUÉS DE AQUEL DÍA
Yo me alejé de tu lado,
queriéndote como te quiero.
Sintiéndo en el alma penas
que aumentan con tu recuerdo.
La sonrisa de tus labios,
la luz de tus ojos bellos,
caminando con mi angustia
me van dejando en silencio.
Mas quiero volver a verte,
acercarme junto al cielo,
al gustar de tu sonrisa
los motivos de mis sueños.
Que la vida en su locura,
fugaz se va concluyendo
para mi; Antes de irme
quiero llevarme el consuelo
de tu amistad, del anhelo
de vivir sólo por verte,
ya que por verte me muero.
(Septiembre del 66)
SEGUIDILLA
Agua clara de mi huerto,
con verte todos los días
es como feliz me siento.
Aroma de mis claveles,
que perfuma mi cariño
cuando dices que me quieres.
Yo sin tí no viviría,
porque al no verte, mi vida,
seguro me moriría.
Quiéreme, con tu cariño,
en vez de hacerme más hombre,
me estoy haciendo más niño.
Cantar quiero mis cantares,
para que sepas, serrana,
que el que canta en tu ventana,
se muere por tus achares.
(Marzo del 66)
CONTIGO…
Quisiera encontrarme cerca,
siempre muy cerca de ti
Para sentir la fragancia
de tu gracia juvenil,
de tu alegría, de tu risa;
Ser de tu vida persil,
peregrino de tus flores
y de tu pecho jazmín.
De tu corazón de seda
ser centinela sutil,
y vivir con el consuelo
de estar muy cerca de ti.
(Junio del 66)
INDISCRECIÓN
Siendo sus ojos tan bellos,
fascinantes, llamativos,
seductores y atractivos
¿Por qué apaga sus destellos
manchándolos con enojo
sin necesidad rasgándolos?
Contestación
Como dueña de mis ojos,
óigame usted, señor mío,
hago con ellos mi antojo;
Como quiero me los pinto,
sin tener que darle cuenta,
pues no le importa un comino.
Si yo me pinto los ojos
no se meta en mi camino,
que usted me parece un tanto
audaz y desaprensivo,
y yo tengo por delante
mi vida, como la vivo,
sin que tenga otra repulsa
que el que se mete conmigo.
Con que adelante y no vuelva
a hablar de los ojos mios,
porque el que a usted no le gusten
pintados, a mí me da lo mismo.
PARA CONATOS DE HUMOR
Aún cuando somos ya viejos,
pues que estamos retirados,
aún comemos y bebemos
y algunos hasta fumamos.
En este momento, yo
estoy fumando un cigarro,
de esos paquetes verdosos
que venden en el estanco.
Y se llaman, según creo,
cuarterones de "picado"
De cuarterones tendrán,
más o menos, peso exacto,
pero de picado… amigos,
eso sí que es un sarcasmo,
porque hay que ver los esfuerzos
que hay que hacer para fumarlo.
Junto a una astilla yo he visto
trozos de corteza de árbol.
Mas si le quito esas cosas
lo que queda, da reparo
de hacer con ello un pitillo,
y tenemos que tirarlo.
Como miembro de la augusta
hermandad de retirados,
yo pido a la arrendataria
que ponga algún cuidado,
y en los cuarterones echen
lo que se llama tabaco:
"planta de las solanáceas",
y no corteza de árbol.
YO, UNO CUALQUIERA
Yo, uno cualquiera.
Yo, un desmemoriado,
no quiero saber de nada
y todo se me ha olvidado.
Yo quisiera dejar esto,
yo me siento ya cansado,
y por lo que aquí me dan,
gano más en cualquier lado.
Yo voy a comprar una caja,
yo la lleno de cigarros,
pipas, caramelos, chufas,
y vendiéndolas barato,
yo voy a ganar más que ahora
y no aguantaré quebrantos,
caras serias, caras foscas,
rostros graves y antipáticos.
Yo, libre de esta oficina,
yo, a estas horas en el campo,
respiraré libremente
y encontraré mi descanso.
Yo no iré ya en furgoneta,
yo, si puedo, me iré andando,
y no viajaré con Cuenca,
ni con Anibal, ni Blanco,
Yo me iré, que no vendré,
yo me quedaré cantando,
en mi casita estas coplas
y las que vaya hilvanando.
Que son las penitas, penas
que con pena voy penando.
Y para penar mis penas,
con pena yo me las canto
(Octubre del 64)
¡TORO!
¡Toro! Gritó el Cordobés
volviendo a la res el culo.
¡Toro! Sin más disimulo
volviendo el rostro a la res.
¡Toro! Le grita otra vez
con la muleta en la diestra,
y cuando la res siniestra
lanza el cuerno a través,
el Cordobés por lo sano
le da un buen pase de pecho,
se planta y suelta derecho
un volapié hasta la mano.
El público pide la oreja,
y la otra oreja y el rabo,
y el toro que era muy bravo,
se muere sin una sola queja.
CUENTOS DEL ABUELO
Estos eran cuatro niños
que en una noche de invierno,
se calientan muy juntitos
y muy cerca del brasero,
escuchando maravillas
de los cuentos del abuelo.
Pues señor, les dice, ¡Atentos!
Cuando yo era mozuelo
salí un día de mi casa
con afán aventurero.
Caminando, caminando,
me encontré fuera del pueblo.
No quise volver a casa
porque tenía mucho miedo
y en el bosque me metí,
con cansancio y desaliento.
Me acordaba de mi casa
y del olor del puchero,
y de lo que yo jugaba
con mis patos y corderos…
Y sentándome aburrido
junto a una piedra en el suelo,
meditando en lo que hice
me entró hambre, sed y sueño.
¿Cómo podría yo
tomar algún alimento,
beber un poco de agua
y prepararme algún lecho?
De un árbol unas raíces
fue mi único sustento,
y en el hueco de otro árbol,
me acurruqué soñoliento…
Debí quedarme dormido,
a pesar de mi gran miedo,
viendo cerrada la noche
y estando todo en silencio.
Pero ya al amanecer
sentí rugidos siniestros,
de lobos que se acercaban,
que debían estar hambrientos.
Entonces ya me olvidé
de todos mis sufrimientos
y el valor que me faltaba
se volvió enardecimiento.
Esperando a los lobazos,
tan tranquilo y tan sereno,
que a cantar "La Serranía"
me puse con gran contento.
Pues apenas las fierazas
oyeron mis aires flamencos,
de "La Serranía", todos,
todos salieron corriendo.
Y después, por si las moscas,
por si volvían dispuestos
los lobos a acometerme,
aunque asustados huyeron,
me encaminé hacia mi casa,
y allá, junto al grato fuego
del hogar, comí unas sopas
y le di un abrazo al abuelo.
ESTO ES TAN SÓLO UNA PEQUEÑA MUESTRA DE LA HERENCIA DE MI ABUELO, DE LA CUAL ME SIENTO MUY ORGULLOSA Y QUE HE QUERIDO COMPARTIR HOY CON TODOS VOSOTROS.
ESPERO LO DISFRUTEIS.